Igual que en cualquier proceso de extracción, lo principal es que las semillas estén limpias y sean descascarilladas antes de ser troceadas y molidas.
Sea cual sea su procedencia original, las semillas han de triturarse para lograr así romper las células vegetales, que es de donde sale la sustancia oleaginosa. Esto se hace a través de rodillos y grandes piedras listas para prensar. Se consigue una pasta homogénea que a su vez es nuevamente exprimida hasta conseguir el aceite.
Pero todavía queda un último paso. Para que el aceite esté listo, necesita pasar por el proceso de refinado para eliminar las impurezas que se han formado durante la extracción. De esta forma se consigue descartar sabores indeseados y reducir el grado de acidez suavizando, a su vez, el sabor.
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