Para comprender el origen del aceite de soja hemos de conocer primero la historia de esta semilla. En realidad, y aunque en Occidente estemos empezando a descubrir todos sus beneficios y propiedades, la soja es uno de los alimentos más antiguos de China y Japón, de ahí que hasta los cuentos mitológicos de estos países la mencionen.
La soja es una legumbre de la familia de las papilionáceas, a la que pertenecen plantas como la judía o el guisante, y su aspecto es el de una vaina.
Tiene su origen en el sudeste asiático, concretamente en China y Corea. Se conocen restos de su existencia en China, desde hace más de 5000 años, aunque su uso como alimento aparece documentado en este país en el año 2800 A.C.
Cuentan que fue el emperador chino Sheng-Nung quien la descubrió hace más de tres milenios. Fue considerada una de las cinco semillas sagradas (junto con el arroz, el trigo, la cebada y el mijo). Las religiones orientales prohibieron la carne, por lo que la soja se convirtió en un preciado sustituto, fuente de las proteínas necesarias, por lo que se llegó a llamar la “carne de los campos”.
En el siglo VIII llegó a Japón de la mano de misioneros budistas chinos y se convirtió en un alimento básico.
La primera referencia europea conocida de la soja se remonta al siglo XVII. Según consta, fueron los misioneros quienes introdujeron desde Oriente las primeras habas con la intención de cultivarlas, pero no tuvieron demasiada aceptación. Fue una vez bien entrado el siglo XX cuando la soja empieza a formar parte de la dieta alimenticia de los españoles, como fuente de proteínas y aceites con una gran variedad de usos y formatos: tofú, leche, aceite, brotes o salsa.
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